Tendencia al caos (putaditas de la vida, o los conciertos perdidos)

  Ocurre con todo, y no sólo con conciertos, pero es con éstos con los que uno se queda con la sensación de haberse perdido algo importante, y no haber ganado nada… Esos conciertos a los que queremos ir, pero a los que finalmente no vamos, son una constante en nuestras vidas de ‘devoradores de conciertos’. Tanto, que opino que quizá el Murphy de las Leyes de Murphy debería incluirlo en sus postulados. Probablemente, a nadie le resulte desconocida esta conversación:

  - Ey, tío, el viernes tocan ****** en la sala *****. ¿Vamos?
  - No hay fallo.

  Esto suele ocurrir una semana antes, quizá menos. Compramos las entradas, y las guardamos como un tesoro en nuestra habitación, sobre la estantería. Cada día, al levantarnos para ir a trabajar o a clase, las vemos allí, y la fantasía crece en nuestra cabeza como una bola de nieve ladera abajo. No importa que el día nos depare dificultades, que llueva o que uno tenga un sarpullido. Hay concierto a la vista, y eso puede con todo.

  Todo suele violentarse un día o incluso horas antes. Aparece lo que yo llamo ‘algo’ en un principio, para luego llamarlo directamente ‘putada’. Ese algo, esa putada, nos impide ir al concierto. La fantasía se desmorona, y las entradas pasan a convertirse en meros trocitos de papel, inútil existencia (no hablemos ya de los euros, que nosotros esto no lo hacemos por dinero). Tenemos la sensación de que todo el mundo conspira contra nosotros, y vemos las evidencias de ello en cada esquina. Durante un rato no sabemos qué hacer, pero luego hacemos lo único que podemos, que es seguir adelante y tratar de olvidar el concierto. ¡Ah, iluso! ¡Eso es imposible! ¿O qué te creías, que eras el único que iba a ir? Por todos lados emergen como florecillas individuos que te hablan del concierto, que te cuentan maravillas. ¡Por que el concierto al que no puedes ir habría sido siempre el mejor de tu vida!


  Así es como nos perdemos los conciertos.
  En su día, no pude ver a Sexy Sadie, poco antes de su disolución final, porque una amiga quería celebrar el cumpleaños antes de tiempo. Ese mismo día tocaban unos principiantes Igloo, y también los portugueses The Gift. Recuerdo perfectamente el sabor de las copas que me tomé esa noche: amargo (vodka con lima, ya se sabe, beber para olvidar). Tampoco pude ver, recientemente, a los vigueses Jugoplastika, porque la persona que me llevaba (antes, un amigo), no quería encontrarse con su ex. Y Vinodelfin, que se me escaparon por los pelos, y nunca mejor dicho (no añadiré detalles). Y el colmo: me perderé a Annie B. Sweet, Havalina, Zoo, Maryland,… por estar de viaje para ver a un grupo internacional, cuyo concierto ha sido anulado… 4x1, le llaman.

  No solamente están los eventos aislados. No es tan dramático perderse un grupo cuando llega a tu ciudad. Además, en ocasiones ni siquiera es culpa tuya. Al parecer, existe una ley en mi vida que me impide ver a los sevillanos Maga cada vez que se acercan por mis tierras. A veces son ellos los que anulan su concierto, otras me entero de que tocan cuando ya estoy lejos de aquí. Lo mismo me ocurre con Los Planetas. Veo más cercana su disolución, o la muerte de alguno de sus componentes (Dios no lo quiera), que el momento de verlos sobre un escenario, cantando sus ‘Un buen día’, ‘Pesadilla en el parque de atracciones’, ‘Ya no se asoma a la reja’, y demás… en el fondo, es como una cruz que cada cual lleva sobre su espalda. Todavía más sangrante pues son grupos nacionales, no tendría que ser tan difícil verlos.


  Ocurre a veces, también, que te aficionas a la música de una banda cuando esta ya está disuelta, o no da conciertos… de acuerdo, no es culpa tuya, pero cómo escuece (así me pasa a mí con Los Piratas, ver a Iván Ferreiro o Fon Román por separado no es lo mismo).

  Hay quien te dice: ‘Bueno, pero ya viste a otros muchos grupos’. Y tú les miras de hito en hito, y aunque sientes la tentación de explicarles que eso a ti te da igual, o que no lo entienden, no lo haces. Murmuras un ‘ya’, y cambias de tema.

  Podría verse desde una perspectiva positiva. Quizá lo que da tanto valor a los conciertos, es precisamente que de vez en cuando, alguno se te escape. Que la suerte, que va y viene siempre para todos, indefectiblemente, también pica en el plato de tu música. Puede ser. Pero como para todo, una ocasión perdida es una ocasión que no vuelve.

  Me pregunto si mi maldición con Sexy Sadie me impedirá también ver a Sr. Nadie cuando su música le traiga por mis dominios. Trataré de que no se me escape, aunque intuyo que, aunque especial, verlo no será como ver a Sexy Sadie (eso me perseguirá toda la vida).

  Lo único que me anima es que esas pequeñas putaditas le ocurren a todo el mundo. Ya se sabe, mal de muchos, consuelo de tontos.

1 comentarios:

tio te entiendo perfectamente pero piensa k siempre hay alguna oportunidad para verlos, a sexy sadie no porque en fin ...

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