El buen karma, en Pontevedra

  Hablan Second en su último disco de rincones exquisitos. ‘Desde aquella habitación/desde aquel rincón tan exquisito/…’, cantan. Perdido en la canción, me ha dado por pensar en todos mis rincones exquisitos. Todos tenemos rincones así. El paseo por un parque, de la mano de alguien; la butaca de un cine; la barra de un bar; el punto exacto en el que alguien nos besó casi de improviso…

  No soy menos, yo también tengo mis rincones exquisitos. Uno de ellos es la Karma (sala), en Pontevedra. Camuflada frente a las ruinas de un viejo monasterio, na cidade do Lérez, y bajando unas escaleras, se llega a un mundo plagado de música… de buena música indie.


  Nada parece indicarlo, pero en su escenario han tocado un número envidiable de bandas. Recuerdo fácilmente el 'No me deis órdenes', de Fon Román, y también 'Par' o el inolvidable concierto de Iván Ferreiro, con un sinfín de sombras cantando al unísono que tu sonrisa fue espectáculo, o no sé qué de unas promesas que no valen nada, mientras el maestro se afanaba tras el piano. También su hermano Amaro Ferreiro lanzó allí las canciones de su 'Ciudad de las agujas', 'Bordadita' y demás. Zahara desgranó sus melodías con el micro y el alma envueltos en burbujas de luz, y con gafas rojas cantó tú me llevas: ‘en la radio suenan los Smashing…’, y mucho más; Dorian, llegados desde el otro lado del país, nos contaron acerca de su tormenta de arena mientras, a sus pies, un coro de impresionados seguíamos los acordes de las guitarras y de las cervezas. Más tarde también cortaron el aire. La voz cavernosa del Adrián Pérez, de Catpeople, rebotó contra las paredes de la sala, inmolándose al estilo Interpol, mientras a sus pies los cuerpos se apretujaban sin que a nadie le importase. Todavía recuerdo la versión del 'Hurt' de Jonhy Cash, y se me ponen los pelos de punta. Lori Meyers inundaron de luz hasta el rincón más recóndito de la sala, y creo que su 'Mujer esponja' todavía anda perdida por allí. Ya volverán a buscarla algún día, y estaré allí para verlo. Con Nadadora, sin embargo, el dueto de voces nos arrastró por melodías enamoradizas y evocadoras, pero otros muchos aplicaron rock y melodías intensas, bailables o incluso furiosas. Por allá cayeron Meu, Igloo y su 'Sin mentiras', y también los enérgicos Maryland, y Jugoplastika.


  Sin duda me perdí muchos de los conciertos de la Karma. Como dije en Tendencia al caos (putaditas de la vida), uno está condenado a perderse conciertos a los que le gustaría ir. Supongo que forma parte del juego. Pero vi a todas estas bandas, disfruté con ellas compartiendo sus canciones y, a veces, descubriéndolas al mismo tiempo. Sin riesgo no hay victoria, dicen.

  La Karma me ha regalado una cantidad dulcemente insoportable de buenos momentos, de noches que uno recuerda más tarde al juntarse con viejos colegas, o al poner un CD mientras se va a la playa en un día de calor veraniego.

  Por eso siempre digo que allí hay un buen karma, que siempre salgo satisfecho de mí mismo y de la realidad que me rodea. Un rincón exquisito.

  Y la rueda no deja de girar. Pronto, más buen karma con Love of Lesbian. Estaré allí para verlo, y escucharlo.
Ernesto Diéguez

2 comentarios:

nunca he ido a la sala karma de pontevedra pero tengo amigos que me hablan muy bien de ella el sabado 19 de diciembre ire al concierto de love of lesbian en playa club en A CORUÑA y tampoco me lo perdere XD
buenos artistas=buenos conciertos

habrá que darse una vueltecilla por allí !"

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