Nudozurdo - Sintética (Everlasting, 2008)


  No es tristeza, no es tragedia, no. Las letras de Nudozurdo exhiben la crueldad de la vida, y su música lo siniestra que puede ser nuestra propia mirada lanzada por el espejo.

  Precisamente, 'Mil espejos' abre el disco y nos hace ver que lo que está por venir no es lo habitual. Una voz de alma maltratada nos canta entre acordes definidos y claros, tajantes y, aún así, ambiguos. Es la misma vida que nos habla, bien con gravedad y armonía, bien con estridencia y desequilibrio. A medida que los segundos pasan, uno se da cuenta de que no deja de haber un algo romántico en las canciones. Subyace bajo ellas, entre la misma música y la superficie del CD, aguardando a que se lo deje salir. No es el romanticismo de los cuentos de hadas, ni el de las empalagosas historias de amor que Hollywood nos obliga a odiar. Ese romanticismo habla del amor de verdad, del amor real, ese que está lleno de contradicciones, de momentos álgidos y de violentas caídas. Es el amor que está bajo las piedras y en un desierto, en una tienda de licores o en un carrito de bebé abandonado. Las canciones nos cuentan acerca de lo esquizofrénica que es la vida, de los infinitos yos que se encuentran en el interior de cada uno de nosotros, mil reflejos tratando de expresarse a cada momento, pegándose entre sí. Es una visión tan real que da miedo.


  Podría decirse que una música así lleva a la depresión, pero no es así. Las canciones son un todo maravilloso que da gusto, imposible separar las letras de la música que las acompañan, forman un todo, un ente único que te rodea y te transmite lo lúgubre de la realidad. No se puede escapar de las melodías, porque hablan de cosas que todos conocemos. De la pelea constante entre el ego y la generosidad; de la aceptación del fracaso, y también de la victoria, si acaso mucho más difícil. Y también, de la diversión, de noches largas en donde todo puede ocurrir y de hecho, todo sucede, sorprendiéndonos, noches teñidas de alcohol y drogas.

  Y hay soledad, y velocidad y frenazos, y una sensación absurda de que todo es inexorable y está a punto de ocurrir.


  Pero, en general, el 'Sintética' de Nudozurdo es una magnífica oda a la noche, a la nocturnidad, a esas sensaciones y pensamientos, emociones, que sólo nacen y viven al amparo de la negrura, como estas mismas palabras que aparecen en la pantalla. ¡Qué se apaguen las luces, se ensombrezcan los rostros! ¡Y que resuene en todo el local: yo, yo, yo soy el hijo de dios!

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