Festival do Norte 2010

Día Uno
  El viernes por la tarde, me lancé en tren desde Santiago hasta Vilagarcía de Arousa. Y allí, hasta el recinto Fexdega, en busca de mi acreditación. El cielo amenazaba lluvia, pero yo confiaba en que no descargase y pudiese disfrutar de una de las citas festivaleras marcadas en el calendario gallego y nacional: el FDN (Festival do Norte).

  Y quizá por la magia que inunda esta tierra, el tiempo respetó casi del todo la cita.

  El primero de los tres grupos en tocar en el escenario pequeño (a notar: la amplia y mejorada carpa de este año), era alguien llamado EMILIO JOSÉ, que usando una especie de 'rap castrapeiro', intentó sacar del letargo a los primeros visitantes. No me quedó muy claro que lo consiguiese, pero para cuando llegaron los segundos, unos HOLA A TODO EL MUNDO, el ambiente ya estaba un poco más cálido. Empezaron a derramarse las primeras cervezas, y el inicio etéreo del grupo madrileño, lleno de luz, alzó los espíritus. La aparición del violín, y de la chica sonriente que lo tocaba, mejoró mucho el sonido orquestal de la banda. La segunda canción, simplemente impresionante. Y debo decir que es increíble, y a mí me encanta, lo que hacen los instrumentos clásicos en grupos de indie, y de notar, la valentía de quien los introduce en su música. Ah, y gran tema final. HATEM es la primera sorpresa de la noche (positiva).


  Los de después yo ya los conozco, aunque no del directo. KLAUS&KINSKI, desde Murcia, son de esos grupos especiales, de esos que en cuanto conectas con su música, ya no puedes desengancharte. A pesar de su inicio titubeante, eran mi primera esperanza de la noche. Se estrenaban en Galicia, y tenían ganas, así que tardaron poco en perder la vergüenza. 'El Cristo del Perdón' me emocionó (y no sólo a mí), y 'Nunca estás a la altura' se llevó la contraria a sí misma. Estuvieron sencillamente perfectos.

  Sin ningún tipo de descanso, empezaron a sonar los gallegos MUNICH, ya en el escenario grande. En mi opinión, dieron un concierto brutal, empezando con la energética 'While'. Beben de la herencia Interpol, y es, por tanto, música de calidad. Calentaron perfectamente el ambiente, mientras el asfalto del suelo olía ya a cerveza.

  Y luego, llegó DORIAN. Habían estado ensayando antes, entre Hola A Todo El Mundo y Klaus & Kinski, así que ya sé que su música sonará bien. Y no me equivoqué. El escenario grande se llenó de gente. Para muchos, era el verdadero comienzo del festival, y mientras anochecía, Dorian, aunque tímidos, mostraron su música con toda la potencia posible. Alucinantes. La gente empezó a bailar desde el primer segundo de canción. 'Qué rápido pasan los años', grita Marc Gili, y todos asentimos porque era verdad. Así, tocando temazo tras temazo, se escucharon voces a coro por todas partes. Me di cuenta de que era uno de los conciertos más esperados, y he de decir, que al principio de uno de los temas, creí reconocer trazos del 'Take on me' de A-ha. Pero fue un concierto perfecto, total.


  Llegaron a continuación FANFARLO, el primero de los dos grupos no nacionales de la noche, con un aire que me recordó a Hola A Todo El Mundo. Estuvieron tranquilos pero estilosos, dando tregua a los que habíamos bailado hasta cansarnos con Dorian. Empezó a llover, como si la misma lluvia reclamase un poco de atención, pero no se aplacaron los ánimos. Ya era totalmente de noche, y hasta Robert Bodegas (no suele fallar al FDN), se lo pasaba bien. Y con 'I'm a pilot', una luz ambiental morada y la lluvia, todo el mundo fue feliz a los pies de los ingleses, que transmitieron perfectamente su música optimista, y fueron hasta casi épicos.

  Y entonces, la lluvia cesó, y llegó el cabeza de cartel. Los neoyorquinos NADA SURF aparecieron sobre el escenario mientras el público los aclamaba. Era una de las dos únicas citas del grupo americano en España, y se notaba que la gente les quería ver. Presentaban un disco de versiones, pero tocaron sus clasicazos para que la gente los corease y se volviese loca. 'Inside of love', 'See these words''… sólo eché de menos 'Popular', pero volvieron tras irse para hacer un bis, y con 'Always love', alguien a mi lado gritó '¡Brutal!' casi como si le estuviese doliendo. Y a mí me sacaron el adjetivo: 'a-ni-ma-la-da de concierto', más allá incluso de lo que me esperaba.


  Después de tantas emociones, era difícil para cualquier banda tocar, y más si el cabeza de cartel había dado un conciertazo, pero a WE ARE STANDARD les sobró energía, tenían para dar y tomar, y además, es que son vascos. Salieron a comerse el escenario con su música, que bordan, y su singularidad, que la tienen (posturitas del cantante aparte). WAS son el cierre que cualquier noche de conciertos necesita. Entre la bruma, todo el mundo quiso bailar y desgañitarse y soltarse los cuerpos. Ya en el coche, para volver a casa, no se me podía borrar la sonrisa de placer.

Día Dos
  Con los festivales de más de un día, siempre pasa lo mismo. Que si el primer día te lo pasas muy bien, los grupos que toquen el segundo tendrán que hacerlo todavía mejor para que no te vayas a casa con un sabor de boca agridulce. Afortunadamente para los organizadores del FDN, el cartel del segundo día no llamaba precisamente a la sospecha. Tenía el mismo nivelazo que el del viernes, y además, con los ansiados Planetas como cabeza de cartel. De nuevo en la carpa pequeña, empezaron la noche los electrónicos CARRERO BIANCO, bastante divertidos y sobre todo, muy voluntariosos. Algo obligado, pues eran las seis de la tarde, hacía calor, y entre el público había a partes iguales escépticos y resacosos de la noche anterior. Animaron el ambiente con eficacia, dejando buenos temas pero que quizá habrían funcionado mejor unas horas más tarde.


  Casi sin tiempo para valorarlos, llegaron LOS PUNSETES. Anunciaron su llegada con un ¡Eh! muy festivalero, y abrieron el concierto con un tema sin voz y muy ambiental. La cantante, Ariadna, aunque yo no lo sabía, es una singularidad andante. Casi bizarra, diría yo. Ataviada con una cazadora militar y un pelo medio rojo, adquirió una posición frente al micrófono, mirada fija y rostro inmutable, y así cantó todo el concierto. Hierática, fue toda una demostración de concentración, pero eso no influyó. Las letras eran entre ácidas y divertidas, pero sobre todo, muy originales, y la música perfectamente acompasada. Fueron de menos a más, y cuando todo el grupo se marchó y sólo quedó ella en el escenario, se generó un runrún de emoción: al fin, tendría que moverse. Gritó un: ‘¡Graciñas, boas tardes!’, y con una enigmática media sonrisa, desapareció. Los siguientes fueron todo lo contrario.

  LA BIEN QUERIDA, encabezada por Ana Fernández, fueron todo simpatía. Empezaron con una emoción casi contenida, y la amplia carpa se llenó del todo. Para cuando cantaron 'El día que te conocí', muchos ya se habían enamorado de Ana (en mi opinión, ¡absurdamente guapa!), y entre canción y canción, añadió que más tarde se subiría al escenario grande a cantar sobre el amor con J. Terminaron con un gran alarde de diversión, diciendo algo de que hace cuatro días que no te veo. Palmas para terminar, hit para cenar. Y todos corriendo al escenario grande.


  Tocaban NUDOZURDO, y con ellos la oscuridad y las emociones más hondas. Al contrario que la primera vez que los había visto, en el Dolorock, en donde habían estado sosos y con mal sonido, aquí fue todo lo contrario. Entramos de cabeza en el reino de los bajos, y aunque ellos cantaban que 'no ha sido divertido', la muchedumbre a sus pies no opinaba ni de lejos lo mismo. Por cierto, espectacular 'Mil espejos'. Eso sí, luego tuvieron un problema con la guitarra, y la organización les recortó el tiempo y tuvieron que marcharse cuando ni siquiera habían estado treinta minutos (¿qué más daban cinco minutos más, cinco minutos menos?). Al menos, ya habían tocado 'El hijo de Dios' en los ensayos, que habían durado casi tanto como el concierto, y se me olvidó el enfado.


  Los segundos en tocar en el escenario grande fueron PETE & THE PIRATES, que me sonaron un poco parecido a Fanfarlo, pero con un sonido quizá un poco más propio y ligero. Y tras tanta diversión, y quizá como queriendo marcar el paso a Los Planetas, JJ se subió a un escenario casi vacío. Sólo estaba ella y su guitarra, y nubes de niebla alrededor. Tuve la impresión, al principio, de que su música era como la de Russian Red, Alondra Bentley o Anni B Sweet, pero con cada tema se fue desmarcando hacia un estilo mucho más personal y único. A sus espaldas se difuminó la niebla, y surgieron en las pantallas imágenes que volvían la música todavía más evocadora. Llena de bases cardíacas, llevó a un público agotado por los conciertos anteriores a un terreno de tranquilidad, un lugar íntimo en el que estoy seguro de que algunos se aburrieron, pero otros tantos lo disfrutaron con placer. Eso sí, se notaba que la gente esperaba a Los Planetas. Habían hecho el amago el año anterior, donde primero sí y luego cancelaron su presencia en el FDN, prometiendo que volverían al año siguiente.


  Dicho y hecho. Con el cielo lleno de nubes y claros y estrellas, extrañas imágenes electrónicas surgieron en el fondo del escenario, y con un mar de gritos entre la explanada abarrotada, entraron los J y compañía al escenario. Para mí, LOS PLANETAS eran un largo anhelo, así que me sentía en la gloria, en éxtasis mental. Alguien me había dicho que daban un concierto bueno de cada cuatro, pero en cuanto escuché la primera nota supe que ese sería uno de los grandes. El curioso perfil de J se recortó en el borde del escenario, y el concierto echó a andar. Entrelazando temas nuevos con grandes clásicos, llegaron 'Ya no me asomo a la reja', 'Santos que yo te pinté', 'El artista madridista', y un sinfín de temas unos tras otros. También subió Ana Fernández, como había prometido, para bordar 'No sé cómo te atreves' entre guiños de romanticismo del bueno. Los minutos se convirtieron en segundos, y así, con el público en éxtasis, terminaron por abandonar el escenario. No sin volver para hacer el bis, una magnífica 'Pesadilla en el parque de atracciones', que el público coreó voz en grito como despidiéndolos de tierras gallegas. No sé quién me había dicho no sé qué de los conciertos de Los Planetas, pero en mi única experiencia no dejó de decir ¡Chapeau!


  Y ya para terminar, y mira que es difícil hacer algo de música después de un gran concierto, EL GUINCHO borró del escenario los instrumentos de Los Planetas, y con una mesa de mezclas y energía, trató de hacer bailar al público que se quedó con ritmos discotequeros. La gente se dejó hacer, demasiado emocionada como para negarse. Y otra vez, de nuevo sentado en el coche de vuelta a casa, no pude borrarme la sonrisa de la cara. El FDN, un año más, me había ofrecido mucha música de calidad. Quizá por eso, ya he marcado las fechas del FDN 2011. Ni se me ocurriría faltar.

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