Ebrovisión 2011: el final del verano

Con la idea romántica en la cabeza de terminar el bello verano como lo empezamos, nos acercamos al último festival estival y llegamos a Miranda de Ebro para decir adiós al calor, con ilusión y sin morriña, porque el otoño y las hojas en el suelo están infravalorados en alegrías y colores.
Con un cartel ajustado a los estándares de lo que viene siendo el panorama festivalero más habitual, esto es, más de lo mismo, gran parte del atractivo de éste se diluyó para nosotros al conocer la distribución por días y horas: Estereotypo y The Wellingtons desaparecían de nuestra perspectiva al estar programados el jueves por la noche; Bigott abriendo la jornada del viernes, tenía visos de peligrar en nuestra apretada agenda. Y por supuesto, no llegamos.
Penurias personales al margen, si Ebrovisión se caracteriza por algo es a su vez, por todo lo contrario: bien es verdad que ofrece un cartel al uso, que además sufre las consecuencias de su celebración a mediados de septiembre, cuando más de la mitad de los asistentes cuentan ya con varias pulseras de acceso en su bracito; pero, por otra parte, consigue sorprender con grupos menos frecuentes, interesantísimas aportaciones internacionales, un mañaneo de lujo, y que además empieza a cubrir aspectos que creo empiezan a ser fundamentales. Porque en estos tiempos difíciles, se sobrevive a base de iniciativa, ideas y talento. Me refiero a la atención e integración de los niños en el festival y los talleres en ciernes, a los que les falta rodaje, pero –si tímidos- ahí están. En este sentido, Ebropeque ya se ha realizado en otras ediciones, y es fundamental que permanezca y se incentive. El siguiente paso es empezar a articular más la idea de guardería en los festivales, algo más común fuera de España y que muchos y muchas que piensan que otra maternidad es posible, agradecerán.


Centrándonos en lo musical, sin duda hay mucho que decir. En un festival con un solo escenario, resulta más fácil y manejable no dejarte grupos sin ver. Otra ventaja, sin duda. Supersubmarina fueron los que abrieron nuestro particular Ebrovisión, dejando claro encima del escenario que el último año ha cambiado a estos niños que, jugando a ser estrellas del rock y creyéndoselo –fundamental-, han convencido a muchos. A mí, personalmente, poco. Continúan con la presentación de su 'Realimentación', bien equilibrado con sus temas anteriores, enérgicos y contundentes, aunque con un sonido bastante cuestionable, desde luego no se puede decir que no se metieran a todo el público en el bolsillo. Ellos mismos se encargaron de presentar al siguiente en el ruedo, un Lapido nuevo para mí que, lamento decir, tampoco me convenció. Nada nuevo bajo un sol saturado de mediocridad.
Por última vez en este sinfín de festivales, nos volvimos a encontrar a Xoel López, ese del que es tan difícil buscar un pero que ni lo voy a intentar. Me sigue enamorando como la primera vez, me atrapa en su guitarra, y aunque no me sorprende en absoluto, se lo perdono todo. Y a pesar de que todos los que le hemos visto durante estos últimos meses sabemos que Deluxe ha muerto y no va a regresar, el viernes pudimos ver una foto de recuerdo de lo más cuidada. Sin duda, el mejor concierto que ha dado en todo el verano, recuperando muchos más temas de Deluxe, y devolviéndonos esa sonrisa que todos sabemos. Cada vez que me recuerda que el amor es valiente, un gatito nace.


Turno para la explosión del viernes con los escoceses The View. Químicos, eléctricos, eclécticos, cómplices, geniales. No. No estoy tuiteando, es que no puedo definirlos de otro modo. En su único concierto en nuestro país nos lo regalaron todo, y nos encantó abrir un paquete de lo más completo: desde el pop más clásico bordado de guitarreos imposibles, hasta el punk más adolescente, el folk o el rock. El mandato imperativo era bailar, y bailamos. Sobresalientes.
Sin duda alguna la mejor parte de este festival, como decíamos, llega con la llegada del sábado y los conciertos de la mañana. Creo que a todo el mundo le quedó claro, porque La Fábrica de Tornillos presentaba un lleno absoluto durante esa brillante mixtura entre el Micah P. Hinson y The Pioneer Saboteur, o lo que es lo mismo, los Tachenko al aparato. El de Memphis nos ofreció sin duda un espectáculo con esa ingeniosa revisión de los Pixies. Creo que a la mayoría le encantó, aunque a veces llegar al consenso es complicado, y no sé por qué, pensé que Juan de Pablos se lo hubiera pasado fetén. Tras ellos llegó 'la hora surf' del Ebrovisión, que este año transcurrió de la mano de Lost Acapulco, quienes nos hicieron bailar y nos integraron perfectamente en esas melodías que bajo el epígrafe surf-rock tan de moda están últimamente.
Cambio de escenario, y traslado a la Plaza de España, donde un año más, la comida popular volvió a ser la estrella de la jornada. En esta ocasión la paella nos supo a Eladio y los Seres Queridos, a la dulce Galicia, a la fuerza del mar. Sin duda, un acierto y un concierto más que digno en un escenario hostil (la idea del Red Bull Tour Bus sigo sin verla), con un público que mientras se pelaba las gambas, no perdía nota de lo que allí estaba sucediendo. Brillantísimos. Algo que, sin embargo, The Brontës, no lograron mantener. Buen sonido, pero poca conexión con el público. Y sin embargo creo que algo tienen que decir. Ya lo veremos.
El punto y final de la sesión de la mañana vino de la mano de los murcianos Varry Brava. Esperados, sin duda, no pudieron ofrecer una mejor sobremesa. Levantaron del suelo a toda la plaza, y nos ofrecieron un concierto lleno de sonidos tal vez algo fáciles, pero que entraban solos en un momento tan lleno de pacharán.
Y ya de vuelta en Bayas, la noche comenzó para nosotros con Erland & The Carnival. Estirar la sobremesa tiene consecuencias, y más nos hubiera valido llegar un poco antes, porque los británicos no consiguieron conectar con el medio lleno del pabellón. Bien es verdad que con sus melodías folk, su pop políticamente correcto, y su aire elegante y algo retro, podrían hacer mucho más, máxime frente a un público ávido de energía. Personalmente, me gustaron mucho, pero no era el momento ni el lugar. Me los quedo para cenas en la terraza en cálidas noches de agosto.


Tal vez fue eso, tal vez que ella misma se vale por sí sola para desatar auténticas pasiones, Javiera Mena consiguió todo lo contrario. Con un fuerte núcleo de incondicionales fans de esos a los que nadie chista, desde las primeras notas se palpaba que el tecnopop lejos de morir, ha resucitado y que la naturalidad y sencillez gana muchas partidas. Desde la lírica a veces excesiva, y una retórica basada en el 'sufro mucho por ti', Javiera Mena transporta a algún lugar de la memoria que yo creía que igual todos queríamos olvidar… pero que me ha quedado claro que, evidentemente, no. Yo no te pido la luna, pero explícame el fenómeno, Javiera, porque mira que soy fan tuya, pero no sé si lo comprendo. Y no puedo no decirlo, por frívola que parezca –así es el ser humano, tiene todas las cosas dentro-, pero no te vuelvas a poner esa capa de lluvia nunca, nunca, nunca más. Para mí, el concierto de la noche.
Para el resto, seguramente, el de Vetusta Morla. Tenía absolutamente toda la intención de ni mencionarlos. Están en todas partes, se han hecho todos los festivales este verano que han podido, tienen hordas de fans –algunas francamente, deberían ser la Sirenita (esto es, mudas)-. Pero he de reconocer que me sorprendieron positivamente en lo que a implicación y energía se refiere. Hace dos años ir a un directo de Vetusta Morla suponía poca diferencia entre escuchar un CD en tu casa e ir a un concierto con poco o nada que aportar, y ya es difícil en el aquí y ahora de la música en vivo (seguro que alguien con algo de criterio y un poco de honestidad recordará el concierto del Circo Price de Madrid en 2009). Bueno, parece lógico que después de la experiencia acumulada en masas febriles, algo ha hecho en los madrileños. A mí me siguen moviendo poquito, pero reconozco la potencia de su presentación. Muy emocionante sentir las masas desde el foso, eso sí.


Y se ha acabado el verano. Y los festivales al sol y a la luna. Y las noches cálidas sin colcha. Y las generosas acreditaciones (gracias, organizadores de cosas). Y, una vez más, cerramos la temporada de festivales, con esta joyita del Norte que es Ebrovisión. Porque la saturación a estas alturas, sí, está ahí; pero disfrutar de tus hermanas buscando la calle de Trang Jung Dao en Miranda de Ebro, aunque te pierdas un par de conciertos, no tiene precio. Ahora, quedan por delante muchas tardes de café para pensar en el próximo estío.
Texto y fotos: Rebequita Dj

6 comentarios:

Me da la sensación que ha sido un Ebrovisión bastante tranquilote.

Estupendo! Una pena que te perdieras Estereotypo, el concierto más divertido de todos.

Carne de gallina , Sis!!!

No habéis dicho nada de los DJ´s del multifuncional. Animaron mucho los descansos y algunos conciertos que no triunfaron!!!

Fan de Rebequita. :)

Gracias, amores!
Anónimo 4, toda la razón... se me piró, pero fue la leche ;)

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