Entrevista a... Fernando Pardo (Los Coronas)

Lo primero, y lo más importante: ¿Dónde os habéis dejado a los Arizona?
(ríe) ¡Tampoco estamos todo el día juntos! Pues ahora andan por Valladolid tranquilitos pero vamos, que hace no mucho estuvieron por aquí inundándose del saborcillo del barrio. Como dice Javier Vielba, el cantante de los Arizona Baby, nosotros ya somos representantes o alcaldes de Malasaña.
Y para vosotros que son Los Arizona, ¿Hijos, hermanos o sobrinos para salir de juerga?
Hermanos pequeños. Por las juergas podríamos decir sobrinos pero es que con un sobrino no llegas a tener la confianza que tenemos. Hemos llegado un punto en el que hasta nos criticamos. Eso sí, siempre con animo de que haya una mejora. Con un sobrino lo dejas. Son hermanos que hemos acabado convirtiendo en compañeros de viaje.
¿A qué le tenéis más miedo a una crítica farragosa o a una gran ola hawaiana?
España es un país de artistas. Desde pequeño ves en clase que cada niño destaca en algo: o dibuja bien, o le da a la música… Al final el corazón de artista lo tenemos todos y o tienes suerte y te colocas en un lado del arte o acabas en el lado oscuro de la luna con tu boli y tus calificativos. Cuando un crítico te pone a parir es que algo le ha removido en su corazoncito de artista. Aquí no son críticos profesionales sino críticos pasionales. Cuando recibes una buena crítica sabes que has llegado al corazón del autor pero ten claro que si alguien te pone a parir le has llegado al corazón exactamente igual.
“David Krahe el que mejor hace las imitaciones de Aznar” declaraban vuestros hermanos pequeños hace unos meses. ¿Algo que decir en defensa del honor de tu guitarrista?
David, imite a quién imite, lo pasa siempre primero por el filtro de Aznar. El sólo imita a Aznar o a Aznar imitando a otro. Tu le dices “¡David imita a Chiquito!” y a él le sale Aznar imitando a Chiquito. Yo no se si es fijación, pero le sale de forma natural. Hay mucho cachondeo con Aznar, la verdad es que es uno de los mejores cómicos que tenemos en España (ríe). ¡Es la bomba! Si le sacas de su contexto te partes.
¿Qué significa para vosotros versionar Wish you were here?
Pues por una parte, Wish you were here era la prueba de que Los Coronas y Los Arizona Baby podían funcionar. Ver si podía salir algo bueno de mezclar ambos estilos de música. Lo cierto es que al versionarla conseguimos que se quedara en un punto medio entre ambas bandas. La canción de Pink Floyd fue nuestro conejillo de indias. Además fue la primera canción que aprendí a tocar en la guitarra gracias a un “hippy” americano que conocí de crío. La historia es curiosa: Mis tíos tenían una granja super hippy en Zamora en las que yo pasaba el verano. Por ahí pasaba gente de lo más particular, entre ellos el americano. Se estaba recorriendo España con la guitarra y un día se sentó conmigo y me descubrió a Pink Floyd.


Y si en vez de aprender a tocar con Pink Floyd lo hubieras hecho con una canción de Los Pecos ¿cómo sonarían ahora Los Coronas?
(ríe) Eso definitivamente me hubiera marcado. Seguramente estaría codo a codo con Melendi triunfando por el mundo, pero no. Me enseñó la parte oscura del rock y nacieron Los Coronas.
¿Qué no falta en vuestra furgoneta cuando andáis de gira?
Imprescindibles hay pocos, la verdad. ¡Somos de un sano que asusta! (ríe) No se fuma en la “furgo”, el alcohol está prohibido para ciertos miembros... Me gusta creer que nuestra “furgo” es una especie de revisión filosófica del mundo del artista en la carretera, pero lo cierto es que, como somos nuestros propios managers, también es nuestra oficina. Supongo que lo único que no falta es Rock'n'roll y buena música. Por lo demás somos de los que evitamos hasta beber Coca-cola.
Después de una larga gira, ¿Cuál es la zona que más echáis en falta de Madrid?
Malasaña me encanta, antes más pero aún tiene algo. También me gusta mucho la calle Echegaray. una antigua calle de putas que se ha ido convirtiendo en un sitio culturalmente muy vivo: Tiene garitos de flamenco, La Boca del Lobo… la calle entera tiene muchísimo magnetismo y es genial para tomar unas cervezas. Es una calle que debe tener corrientes subterráneas de agua o de vino (ríe) tiene todavía la mezcla racial de la zona de Lavapiés y es estupenda. Nunca llega a ser una calle “de moda” por lo que la gente que va tiende a ser bastante sustancial. Echegaray tiene lo que antes había en Malasaña, esa corriente de creatividad que antes corría por las tuberías de algunos bares de Malasaña.
¿Hacer surf rock en Madrid es como esquiar en Cádiz?
Sí. Es una analogía muy acertada porque hemos conseguido darle un toque muy castizo a un género que no es español. Hemos conseguido captar lo leve, la alegría de lo leve y sencillo, como en las ciudades de mar. Aquí cuando haces una cosa tiene la misma enjundia que un cocido madrileño. Hay mucha densidad. Madrid es la ciudad del millón de ideas y solo el 5% realizadas. Cada vez que veo que un artista madrileño que consigue algo pienso en lo mucho que le ha tenido que costar: en el camino se ha endeudado, se ha enemistado, ha llegado a puntos en los que dejarlo todo… Nosotros tenemos una broma basada en la realidad: Madrid es un lugar en el que es durísimo que te tengan en cuenta y si lo consigues aquí te queda una carrera mucho más ardua para trascender. No es como en Berlín, allí hay un momento en el que si te tienen en cuenta tienes una amplificación. En Madrid hay demasiada competencia y muy poca fe en cualquier forma de arte. Así que ya ves, ser un grupo de surf rock de Madrid tiene una lectura profunda.
Malasaña fue el germen de Los Coronas en 1991. ¿Cómo, sin que tuviera implantación en España por entonces, os decidisteis por el género del surf rock?
Estábamos tan metidos en ese magnetismo del alcohol de Malasaña que acabamos en este submundo del rock'n'roll. Ahora es un barrio más abierto, pero antes era una especie de guetto de jóvenes artistas. Por entonces Malasaña realmente era el barrio Maravillas: un lugar muy libre y salvaje al que te ibas con dieciocho añitos mientras estudiabas, o en el que decidías dejar la carrera. Era como un pueblo dentro de Madrid. Parábamos el tiempo. No teníamos nada que ver con Madrid pero con cruzar una calle llegabas al centro. Era un barrio totalmente abandonado en el que solo había putas y yonquis y aunque a tu madre jamás se le ocurriría poner un pie en ese barrio, los jóvenes íbamos como moscas a la luz por el precio del alquiler. Apareció una generación con unas ganas tremendas de crear, y allí, en plena ebullición artística, decidimos que nos encantaba el sonido surf. No existía en España pero en Maravillas había la gente necesaria para hacerlo posible. La reacción al oír surf rock solía ser: “no tengo ni idea de qué es pero me mola, me apunto”.
Y de repente, 20 años después, estáis en todas las salas de Madrid…
Yo diría que la clave fue Tarantino. En este barrio ya teníamos la costumbre de ensalzar la serie B, lo subcultural, al tipo que sale al fondo de la foto, al músico al que Elvis le robaba las canciones. Pues resulta que apareció Tarantino y rescató todo aquello en el mundo del cine. Tuvo tal trascendencia a nivel mundial que desató la Serie B en todo lo demás. Llegó este freaky y todo comenzó a tener sentido y ya te digo yo, si Tarantino hubiera nacido en Madrid hubiera acabado en Malasaña.
¿Quién tiene la culpa de que ahora os paséis más tiempo en Méjico que callejeando por el barrio?
Fue gracias a Steve Van Zandt, el actor de Los Soprano y también guitarrista y amigo de Springsteen. Nos vio tocar y dijo que nos sacaba el disco. Aquello trascendió y fue increíble. Si lo piensas bien es de lo más curioso. Llega y en vez de fijarse en un grupo con más nombre nos coge a Los Coronas, a un grupo totalmente subterráneo. Fue un reconocimiento para nosotros, pero también para la escena subcultural porque por fin estas cosas raras que hacemos los artistas podían tener trascendencia.
¿Qué hay detrás de Aguascalientes?
Tu imagínate a David partiéndose de risa mientras imita a Aznar cuando descubre que a las mujeres de Aguascalientes las llaman “Hidrocálidas”. Había que hacer una canción, eso estaba claro.
Hasta 2009, hasta que apareció El Baile de los Locos y los Cuerdos, habéis sido mudos. Pero de repente llega Fernando Fernán Gómez y gritando “A la mierda” se convierte en el primer vocalista de Los Coronas. ¿Un sombrero de Cowboy y un nuevo fichaje en el equipo de Los Coronas?
Nosotros somos fans de lo que representan ciertos actores españoles. Son muy anarquistas, muy orgullosos de que la cultura y el arte tenga una voz diferente. Una voz que no tiene que pasar por los dientes trituradores que hay en España que llevan todo a una normalización. Los músicos, después de un años, se ven transformados por la fama y se vuelven todos iguales ¡iguales! ¿No hay ninguno que decida hacer algo distinto? Lo hay, pero en este mundillo. Solo aquí uno decide que su amplificador va a ser una lavadora a la que le saco el motor. Hay gente así de colgada, pero pocos. Fernán Gómez es el equivalente en el mundo de los actores.
Las doce canciones de El Baile de los Locos y los Cuerdos son la banda sonora de una película. Eso es lo que habéis dicho en varias ocasiones pero ¿cuál sería su argumento?
Tendría que ser una película española de esas de los años 50. Trataría de la vida de unos jóvenes en una ciudad de provincia cuyos corazones están hechos para triunfar a nivel mundial. Mostraría lo oprimidos que están en la pequeña ciudad y la agonía de no poder trascender. Todo cambia en el momento en el que conocen al colgado del pueblo se dedican a robar bancos. Allí empieza el sonido Western (ríe). De ahí solo pueden acabar en el norte de África, viviendo por Marruecos.
Un director y cinco actores para vuestra película:
Monte Hellman, el currito de Sam Peckinpah que hace películas con estilo documental. Tendría que ser una película que aburriera a los que no se mueven por el subsuelo. No vale que le guste a mi madre, de algo tiene que servir la “mala” educación que recibí cuando salí de casa. Y de actores, Robert Ryan, Gene Hackman, Lee Marvin, y Steve McQueen cuando estaba enfermo en sus ultimas películas, casi nada, y del ucraniano tendría que hacer Klaus Kinski.
¿Y a qué película os hubiera gustado ponerle banda sonora?
Españolas a El puente, Con Alfredo Landa. Es que Alfredo Landa es un hombre que cuando hace sus declaraciones derechistas de vez en cuando se pierde la grandeza como actor, pero es muy grande.
Y así americana… ¡Pues al famoso spaghetti western que va a rodar ahora el carbón del Tarantino! Hubo una época que decíamos que deberíamos mandarle las canciones a Quentin y así un día vemos la noticia de lo de su nueva película. Lo segundo que leo es que ha demandado a su vecino porque tiene unos pájaros ruidosos y no le dejan concentrarse en su nuevo guión. Seguramente este sería el colgado del pueblo con el que robaría bancos.
Ana Pérez López
Fotos: Raquel García

4 comentarios:

Que entrevista tan divertida, aunque imagino que la habéis transcrito de una charla, porque la mitad de los actores o directores de los que habla están mal escritos - Robert Ryan, Gene Hackman, Monte Hellman -. Mucha cultura tienen los de la subcultura.

Buena entrevista y buenas fotos, enhorabuena chicas.

Cierto, a veces vamos tan deprisa que se nos pasa lo más claro. Gracias por las correcciones. ;)

Pues a mi también me ha sorprendido la entrevista, pero porque me esperaba otra cosa... Cierto es que hubo un tiempo en que el germen creativo y cultural de esta ciudad estaba ahí -hace 30 años-, pero creo que Malasaña ahora mismo es otra cosa muy diferente, un producto en toda regla, con un mercado muy concreto, y cierto esnobismo que nada tiene que ver con un concepto purista de artista libre. Lo que nos están contando aquí, me suena a lo mismo, a marketing y clichés...
Fan de la última frase de Anónimo 1.

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