Día de la Música 2012 - ¿Evolución?

  Si no comenzamos diciendo que el Matadero de Madrid se ha convertido este fin de semana en un horno que hace honor a su nombre, no sabríamos cómo empezar. Lo que no sabíamos es que podía ser peor, y que encima tuvimos suerte.

  Nueva edición del festival madrileño más significativo en los últimos (pocos) años, que ha reunido en cuatro días de explosión musical a un variado y ecléctico cartel de grupos que desde la jornada del jueves, con el concierto inaugural de Los Evangelistas, hasta el cierre el domingo con el Mini Día de la Música, reunió en el probablemente más grande y desaprovechado espacio cultural de nuestra ciudad a toda una suerte de amantes de la música. O no tanto.

  La jornada del viernes empezaba para nosotros con el concierto de Pegasvs, una de nuestras más fuertes apuestas durante los últimos meses y uno de los grupos con más proyección del momento musical actual. Distorsiones y ritmos electrónicos en un ingrato escenario con sonido altamente deficiente que sin embargo lograron pasarse por el forro este par de dos, haciendo que el público quedase encantado con su directo. El comentario generalizado era 'no son horas' y estaba cargado de razón.

  Bien elegido el escenario para los incombustibles Mendetz que, si bien no presentaba tanta afluencia de público como en su recordada actuación hace tres años en el mismo lugar, desde luego hicieron que los que eligieron el Escenario Spotify no se arrepintieran.

  El cierre de la jornada del viernes a cargo de La Casa Azul, fue un poco un oasis en el desierto del caos. Tras errar prácticamente durante toda la jornada intentando cuadrar horarios, de un escenario a otro en modo ‘ensayo y error’ y como pollos sin cabeza, ser conscientes que llegaba el último concierto, que sabíamos a lo que íbamos y con lo que apetecía a esas alturas berrear en la lengua de cervantes, hizo que tal vez sobredimensionáramos lo que estábamos viendo. Imposible de compaginar con The Raveonettes, el sacrificio mereció la pena. Con un set list del que probablemente nos vamos a aburrir en dos asaltos este verano, que hace demasiado hincapié en los dos últimos discos, Guillermo nos ofreció un espectáculo discreto, aunque parezca una contradicción. Algo más cohibido de lo normal últimamente y tal vez algo desbordado, La Casa Azul consiguió lo que ya es costumbre: poner a todo el mundo a bailar. ‘Superguay’, lo mejor del concierto.

  La jornada del sábado comenzaba con los conciertos gratuitos de la mañana. Es lo que queda de lo que fue el primer concepto del festival y algo de lo que prácticamente ya ni nos acordamos, y no porque haya pasado mucho tiempo -apenas tres ediciones-, sino porque se ha encarecido tanto el precio del abono, que es como si de otro festival se tratase. A pesar de todo, se sigue manteniendo ese reducto de gratuidad, ofreciendo directos de gran calidad. Fernando Alfaro, Dolores, Grushenka, Luis Brea, Templeton, Mañana, Modelo de Respuesta Polar, Amatria, Tuya, Capitán y Fira Fem, conformaban el cartel. Divididos en dos escenarios, el espacio UFI, al que ya hemos hecho mención con Pegasvs, si bien inapropiado para otros momentos, perfecto para la sesión vespertina; y el Patio de la Cineteca, sibilino lugar que tornaba de patio recoleto a la fresca, a espacio sin ventilación parrillada de poperos. Aún así recogió las propuestas más destacables a nuestro juicio: Mañana y Dolores.


  La representación española se vio reducida el sábado por la tarde a los conciertos de Christina Rosenvinge, Love of Lesbian y La Muñeca de Sal. Estos últimos, junto a ilustres artistas invitados como Antonio Luque, Fernando Alfaro o Joaquín Pascual, convirtieron el escenario UFI en una fiesta para amigos, mientras en el exterior aún se terminaba de cocer (en todos los sentidos) el colofón a los dos días centrales del festival.

  Love of Lesbian eran los cabezas de cartel, o al menos eso indicaban las dos horas de concierto programadas. La coincidencia con el fútbol nos hizo ver escenas algo surrealistas: un público futbolero mudo, con la oreja pegada en los lesbianos, analizando en la distancia sus nuevas canciones; y unos fans incondicionales de John Boy que miraban de vez en cuando de reojo la pantalla que tenían detrás, buscando minuto y resultado. Por número, se puede decir que los lesbianos ganaron a los futboleros. Pero se jugaba también otro partido, el de las canciones nuevas de LOL en contraste con las antiguas; en este sentido, Santi Balmes y compañía han perdido el partido casi antes de comenzarlo.


  Hasta aquí lo que se refiere a los grupos españoles, que en esta web siempre será lo que más nos interese. Pero hubo mucho más y de buen nivel a lo largo de todo el festival. Imposible abarcarlo todo, por lo que nos centramos en lo que nos dio tiempo a ver, que no fue poco. Fanfarlo y Two Door Cinema Club superaron con creces las expectativas del respetable, que eran muy altas, con la diferencia de que los primeros tuvieron que lidiar con el insoportable calor del sábado, y los segundos contaban con la ventaja de que tener a todos los festivaleros ya acomodados y cenados. Los dos contaron con un público numeroso. Tindersticks, a pesar del retraso en su vuelo y el estrés que esto supuso, crearon un ambiente intimista y sobrecogedor en un privilegiado escenario como es el Rockdelux. Un clima difícilmente igualable si no fuera porque Apparat hizo de su propuesta electrónica la puesta en escena más emotiva de todos los participantes, dejando a más de uno con la boca abierta. Berlín en estado puro. Más difícil de digerir lo de James Blake, que supuso una verdadero reto de fidelidad aguantar el concierto entero bajo esas condiciones de calor. Azealia Banks y Spoon, en cambio, con dos propuestas completamente diferentes consiguieron lo imposible: poner a bailar o saltar a parte del público a unas horas en que hacerlo podría ser ganarse un lastre para el resto de festival. Mikal Cronin fue para nosotros el gran descubrimiento de este festival, e hicieron enloquecer a buena parte del tranquilo público del escenario UFI. Y Maxïmo Park, con un Paul Smith entregadísimo a la causa, ofreciendo uno de los mejores conciertos del festival.


  Finalmente, la jornada del domingo reservó un espacio para los menores gracias a la propuesta Mini Día de la Música. Entrada aparte, talleres, grupos participantes en las anteriores jornadas del festival, junto con otros nuevos para conformar una brillante iniciativa que muere en sí misma en el instante en que deja de ser gratuita. Una auténtica lástima, porque estamos hablando de algo que escasea y no se debe convertir en un producto de élites: si la música ha de estar al alcance de todos, con más razón para la infancia. Si creemos en otro modelo de paternidad, esto no ayuda mucho a escapar de la corriente. No tenemos datos acerca del éxito o fracaso de la iniciativa.

  Concluido el Día de la Música 2012 solo queda apuntar un par de notas al pie que no podíamos dejarnos dentro del boli. En primer lugar, y ya hemos aludido a ello, el cambio de concepto del festival, no solo en lo que a su precio se refiere, sino en cuanto al modelo de cartel.

  El primer año, no solamente fue gratis, sino que concentraba un género musical más o menos uniforme, y no queremos ser fetichistas, pero no es la primera vez que observamos que quién mucho abarca, poco aprieta. Eclecticismo, sí, pero con cierto sentido. ¿Todas las propuestas musicales han de tener cabida? Por qué no. Sin embargo, y ya sabemos que nunca llueve a gusto de todos, tal vez la programación de horarios debería ser exquisita para que esto pueda producirse. Nos da la sensación que muchos fueron los que pasaron más de una hora aburridos esperando algún grupo de su cuerda, mientras que un rato después tenían que decidir entre dos propuestas interesantes. ¿Lo que sucede en todos los festivales con más de un escenario? Seguramente, no. Seguramente en otros festivales de escenario múltiple todo el mundo sea consciente de que te vas a perder cosas, pero no vas a parar un segundo, que es de lo que se trata y por lo que pagas un dineral.

  En segundo lugar, y podemos asegurar que nunca jamás habríamos querido escribir esto, no tenemos muy claro qué es lo que está pasando entre el público. No nos ha dado tiempo a hacer un estudio sociológico profesional; tampoco creemos que sea necesario, y dicho de paso, no tenemos un duro. Lo que está pasando ahí fuera, es notorio y, sobre todo, visible.

  Por una parte, y esto tal vez sea fruto del eclecticismo al que hacíamos alusión, en demasiadas ocasiones daba la sensación de que la gente estaba allí para cualquier cosa, menos para ver conciertos. ¿Tiene que ver con el carácter del público madrileño? Esto lo hemos observado en más ocasiones, pero creemos que tampoco. La inmensa mayoría del público asistente fue a un puro acto de socialización, sin prácticamente tener ni idea de qué o a quién iban a tener subidos en el escenario. Disfrazados para la ocasión –digo bien, disfrazados, y es que raya la locura las pintas imposibles que llevaban algunos (muchos) de los parroquianos-, ir a un festival ha dejado de ser algo cultural, lúdico y sobre todo que aporta (a tu vida, a tu conocimiento, a tu bagaje), para convertirse en un maldito punto de reunión de la fauna nocturna de Madrid. Esos que hacen que dé igual pagar una fortuna por entrar en un local, aunque te estén vendiendo veneno para beber; esos que hacen que dé igual qué música te ponen, porque con que sea la misma del fin de semana pasado -que tu trabajo te ha costado aprenderte qué es eso de Joy Division, y a mí lo que me gusta es Kakkmaddafakka-, te vale; esos que visten como clones, se ponen unos morros que dejan a Carmen de Mairena a la altura de Audrey Hepburn –gafas muy, muy grandes, por favor-, se embuten en pantalones absurdos con medio culo fuera, o se meten en botazas ridículas si estás a 40 grados. Disfraces para camuflarse de sus vidas, probablemente grises y tal vez llenas de inseguridades que harán que jamás, jamás, jamás se les ocurra ir a trabajar con los labios siquiera con un poquito de color, pero si tengo un festival, barra libre de espantajo.

  Es verdad que todos queremos estar pintones cuando salimos por ahí; es verdad que aquí no hablamos de ropa, que aquí hablamos de música. Pero lo de este fin de semana en el Matadero de Madrid merecía esta reflexión porque si no reventábamos. Por otra parte, no hay que olvidar que ese público tiene dinero (¡ha de tenerlo, de lo contrario entonces sí que tenemos que fichar un sociólogo para explicarlo!), y el dinero, ay el dinero, mueve montañas. También las de la ‘independencia’. Los señores que hacen festivales, se están dando cuenta de esto desde hace ya un tiempo. Esperemos que no les estalle en la cara otra pompa de jabón.

  No queremos que esto resulte una crítica gratuita, sino que tiene vocación de construcción; por ello os pedimos: haceos un favor a vosotros mismos, y tened un poco de criterio.

  Ahora sí, si habéis llegado hasta aquí (hay muchas letras, es cierto), podéis volver a leer el Jenesaispop. Podéis ir en paz.

20 comentarios:

Muy realista la crónica. Lo de la peña de los festivales no tiene nombre.

¿Evolución? Pues claro que no. No hay mas que poner las noticias.

Yo no he ido a ediciones anteriores pero estoy muy de acuerdo con muchas de las cosas que habéis descrito. Lo del calor para empezar: a quien se le ocurre. El sábado a las 14 no había quien viera a Mañana, os felicito por soportarlo.

e.

Lo que está pasando en los festivales es para preocuparse. O mejor dicho, lo que le está pasando a la gente en su afán de aparentar una modernez absurda. Esa misma gente que tiene al Jenesaispop como adaliz de la modernidad, que por la mañana están mirando las últimas fotos de Lady Gaga para ver qué ropa se ponen para el concierto de Two Door Cinema Club, cuando lo que realmente les gustaría es ver a Lana del Rey. Los mismos que llevan una camiseta de los Ramones sin haber puesto jamás un disco de los Ramones. Los mismos que se creen indies porque están al día con todo lo que sucede con Love of Lesbian, pero en realidad jamás han oído hablar de Dolores o Grushenka (que por cierto tocaron por la mañana: para un público escaso y aparentemente normal).

Nunca he visto a tanta mamarracha y mamarracho juntos. Todas uniformadas cuando desde casa pretendían ir de originales. Patético.

muy acertado el comentario sobre alguna gente q va a los festivales. Yo como soy de un pueblo pequeño lo noto enseguida.La diferencia entre un Fib y un gran festival en ciudades como Madrid y Barcelona , es notable.

Anónimo3. No es excusa. Por la tarde hacia el mismo calor y estaba lleno, y eso que era pagando. La gente no tiene criterio. Que no quejen porque ya no hay conciertos gratis. Cuando los hay no los aprovechan.

estoy de acuerdo en que deberían hacer un programa más homogéneo se notaba que la gente iba solo para los conciertos de la noche porque lo de primera hora no les interesaba mucho

Día de la Música??? Anda, yo pensaba que estaban grabando el próximo anuncio de Loewe... :D

A mí me llamó mucho la atención la poca gente que había por la mañana. Vamos, que creíamos que iba a estar petado, y no había ni cuatro gatos. Y era gratis, y la programación de lujo. No lo entiendo. Ni calor, ni leches.

Lo del anuncio de Loewe no sé muy bien si ha hecho mucho daño, o son unos cracks que han sabido captar perfectamente la mierda que se está cociendo.

Cómo se nota que todos esos no leen esto!! O igual no saben leer!! XD

O sí lo leen y piensan que ellos no son. De esos hay, seguro.

toda la razón del mundo. pensé lo mismo durante todo el fin de semana.

A la rica crítica gratuita!!!
Yo creo que más allá de como vaya la gente vestida hablamos de festivales, no creo que vayas a un festival a ver como van vestidos los/las modern@s y si tanto OS habéis fijado han conseguido lo que querían...
Libertad para todos, que la gente vaya a los conciertos que le de la gana vestido como le de la gana...las críticas como esta son las que verdaderamente restan importancia a la música

Hola Belén, soy la anónima 3 que en realidad se llama Eva. Si yo sólo me quejaba de la organización por insolarnos a todos, yo lo sentí pero a las dos canciones no podía aguantar el calor. Ya digo que estoy muy de acuerdo con vosotros (de hecho, creo que vimos a la misma tia con vestido naranja de invierno y botas de ante a media rodilla, seguro ;D). A mi me apetecía mil veces más el cartel del sábado por la mañana... Aplaudo a todos los grupos que aguantaron estóicamente.

Decir a la gente cómo debe vestir no es una crítica gratuita y si los modernitos no se visten así el día de la música ¿cuándo lo harán? Con lo guapas que son las festivaleras... Alegría muchachitos que se os ve jóvenes por la forma de escribir pero viejitos por lo que decís.

El público de un festival o de un concierto es importante. Y un público esperpéntico te puede joder un concierto igual que un público soso.
Es algo que se comenta desde hace tiempo así que ya era hora verlo escrito en algún lado.

A ver, queridos (Anónimos 14 y 16). Aquí ya hemos dicho que no hablamos de ropa, que no somos el Vogue. Importancia a la música le damos a diario, toda. Y en esta crónica también. Y por eso aludimos a lo demás. Si me joden un festival, lo digo, y con toda virulencia. Si ya lo que están jodiendo, es la poca, frágil y voluble escena de Madrid, lo digo más. Y por eso decimos que la crítica NO ES GRATUÍTA. Creo que está sobradamente fundamentado en el artículo.

Y otro apunte: jóvenes somos, mucho. Confundes madurez y espíritu crítico con decir cosas de viejunos. Ese es el problema de esta ciudad, lo poco interesante que es: borreguismo y postureo, todo el que quieras.

Igual voy de empollón pero si he leído bien (si leéis bien entre líneas), el texto no dice a la gente cómo tiene que vestir, sino que denuncia esa actitud de ciertos modernos que aparentan ser algo que no son y se apuntan a la moda del indie pero quedándose en el exterior y la apariencia. para esa gente la música le da lo mismo 8 que 80.

el postureo total, gran reflexión chicos, como muestra un número record de peña haciendo el mongolo con conversaciones absurdas formando una base continua en el show de james blake...parecía la nasti...

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